domingo, 9 de enero de 2011

V.- Al-Andalus. El emirato (756-929)

Esta etapa se llama de esa manera debido a que en ese tiempo, en Al-Andalus, se instauró una nueva fórmula estatal. Esta se caracterizaba por la independencia política respecto al centro del Imperio árabe y porque aparecía encabezada por un emir o sea un príncipe de sangre real que establecería una dinastía propia.


Las circunstancias del cambio


Cuando en Damasco se produjo la revolución abbasí que expulso del trono a los Omeyas, lo primero que hicieron los vencedores fue asesinar a todos los varones de dicha familia, con objeto de que ninguno pudiese dar un contragolpe. Sólo se salvó de ese asesinato colectivo el príncipe Abd-al-Rahmàn, un adolescente de 15 años. Éste, junto con su liberto Badr pudo escapar hacia el norte de África, provistos de cuantos recursos pudieron llevar consigo y a la búsqueda de amparo. Primero pensaron en acudir a las tribus beréberes de donde procedía su madre, pero la existencia en la Península de una serie de clientes omeyas que habían llegado en el ejército de Baly, les hizo concebir la esperanza de encontrar en ellos un firme apoyo para su causa.

Ante esa posibilidad Badr vino a Al-Andalus, hizo contacto con todos los elementos pro-omeyas que pudo y compró, mediante soborno, a una serie de grupos beréberes. Cuando tuvo ciertas seguridades llegó el príncipe que recibió el apodo del “inmigrado”. Éste desembarcó en Almuñecar y, después de hacer un recorrido por Andalucía, recaló en Sevilla que era donde se hallaban los linajes más importantes de sus partidarios y proclamó su intención de crear una entidad estatal independiente, si bien manteniendo lo que se ha llamado “la ficción califal”

Los primeros encuentros con las tropas del gobernador de Al-Andalus, fueron un éxito que le permitió entrar en Córdoba, ocupó la sede del gobierno y se autoproclamó emir de Al-Andalus.


‘Abd al-Rahmân I. La creación del estado cordobés


La primera tarea a la que tuvo que enfrentarse fue la de defender la supervivencia de esa nueva forma de estado que intentaba crear. Y, después, en un segundo momento inició una tarea de auténtica reconstrucción interna.


· La lucha por mantener la autonomía.


Después de varios enfrentamientos victoriosos sobre las tropas adictas al gobernador de Al-Andalus se produjo un intento de injerencias no musulmana que dio lugar a la rota de Roncesvalles (778). Los hechos ocurrieron de la forma siguiente:

El gobernador musulmán de Zaragoza, contrario al partido Omeya, pidió ayuda a Carlomagno poniendo como objetivo restaurar el poder abbasí en Al-Andalus, aunque tuviera ocultas esperanzas de alcanzar su propia independencia. El rey de los francos vio en esta petición de ayuda la posibilidad de apoderarse de los territorios del sur de los Pirineos, con la finalidad de crear un área defensiva (marca) para que los musulmanes no volvieran a hacer incursiones profundas en sus territorios.

La penetración carolingia se hizo por los pasos orientales de los Pirineos, bajando a continuación por la costa catalana cuyas ciudades, controladas por los andalusíes no lo recibieron. Esa actitud le hizo coger el camino del río Ebro para llegar a la capital de la zona, Zaragoza, cuyas autoridades lo habían llamado, pero la actitud de rechazo fue la misma. Eso le hizo pensar en la retirada hacia Pamplona para pasar a sus reinos por el paso de Roncesvalles. Cuando se hallaba en plena travesía de la cordillera los vascones atacaron su retaguardia y mataron a la flor de la nobleza franca, siendo así que murió Rolando, familiar del propio Carlomagno. Esta escaramuza no fue recogida en los Anales Palatinos, pero sí dio lugar a la composición de la Chanson de Roland que es el poema más importante de la poesía épica francesa.

Para fortalecer su posición el nuevo emir tomó dos medidas importantes. La primera fue constituir un grupo muy fuerte de clientes en el que se integraron los omeyas que ya estaban en Al-Andalus, pero además hizo venir de oriente una serie de clanes que pertenecían al tronco tribal Omeya y que se establecieron también aquí. Todos ellos en su conjunto llegaron a formar un grupo muy poderoso que disfrutó durante los siglos IX y X de un estatuto de privilegio (pensiones, tierras, exenciones fiscales, etc.), ocupando junto al soberano y sus parientes más próximos, el escalón más alto de la jerarquía social de Córdoba. La otra decisión fue la de crear un ejército andalusí que estuviera desvinculado de las estructuras tribales para irlo convirtiendo en un ejército nacional sobre la base de la profesionalización.


· La reconstrucción interna del país.


Para llevar a cabo la creación de un incipiente estado de base territorial era necesario el dinero y para conseguirlo incrementó el sistema fiscal que recaía sobre las espaldas de los dimmies, recuperó el dominio directo sobre las tierras de Tudmir y le recogió a Ardabasto, el hijo de Witiza, las tierras que le habían devuelto después de que su familia las reclamara ante el califa, sin embargo y, a pesar de estas actuaciones, parece ser que su relación con los mozárabes y los judíos no fueron malas. También para aumentar los ingresos procuró que se incrementaran las relaciones comerciales con Europa.

Fue iniciador del embellecimiento de Córdoba, empezando la construcción de la mezquita, después de haberle comprado a los cristianos la mitad de la basílica de San Vicente. Finalmente, la nostalgia que sentía por su país de origen hizo que se trajeran plantas desde allí y esto dio lugar a la introducción de los agrios en la agricultura, así como el incremento del regadío.


Los descendientes del inmigrado


Hisân I (788-796). El auge cultural


Hijo y sucesor del anterior continuó en líneas generales la política de su padre. En ese sentido se siguió trabajando para que Córdoba se convirtiera en una gran ciudad (se continuaron las obras de la Mezquita).

En otro orden de cosas se adoptó la tendencia religiosa representada por la escuela teológica malikí que ya quedó convertida en la línea ortodoxa del Islam andalusí. Este hecho tuvo consecuencias positivas, puesto que apartó a Al-Andalus de las guerras de religión que dividieron al resto de la comunidad musulmana. Sin embargo, la entrega de este Emir en manos de los alfaquíes maniquíes, le hizo apartarse de los problemas de base que existían en su reino y estos se fueron agudizando de manera larvada para estallar en el reinado siguiente.


Al-Hakam (796-821). Las revueltas sociales


Era nieto del fundador de la dinastía y hubo de hacer frente a los problemas internos que había sin resolver desde tiempos anteriores, pero además también ocurrieron algunos sucesos de la animadversión que despertaba su persona ya que aparecía como un hombre mundano, alegre y, un tanto libertino. Esta actitud de sus súbditos hizo que se produjeran conspiraciones contra su persona que fueron reprimidas con auténtica crueldad, actitud que incidió de manera bastante grave sobre las minorías de muladíes y mozárabes, los cuales se vieron obligados a emigrar.

Ese descontento social experimentado por ciertos sectores de la población se movían por muy diferentes motivaciones, puesto que algunos las tenían de carácter religioso (alfaquíes ante un monarca impío, muladíes considerados como musulmanes de segunda fila), en tanto que otros las tenían de carácter económico (artesanos y comerciantes, así como los mozárabes enojados por una mayor presión fiscal). Este malestar, más o menos larvado, dio lugar a auténticos estallidos revolucionarios en las más importantes capitales del país: “Jornada del foso” en Toledo durante 807 que fue sofocada de manera sangrienta; y el llamado “motín del arrabal” de Secunda, en Córdoba, liquidado con una represión no menos violenta.

Para resolver los problemas de cohesión interna que daban lugar a estos estallidos violentos, el emir adoptó medidas de dos tipos: el uso de la fuerza e incrementando los intentos de alcanzar la asimilación.

-Organización de un ejército permanente y a sueldo, integrado por mercenarios o soldados de oficio. Esta medida se complementó con la creación de una guardia personal de esclavos de unos 5.000 hombres.

-Incorporación de las tareas de gobernar de elementos que formaban parte de los sectores sociales con mayor descontento (el control militar en Córdoba se hallaba en manos de un cristiano llamado Rabî).

Respecto a la política exterior hay que resaltar que en este reinado se acabó con el aislamiento que Al-Andalus sufría con el resto del mundo islámico, primero comenzaron las relaciones con los reinos cristianos, estos aprovecharon los momentos de debilidad para continuar la recuperación de territorios, así ocurrió con Barcelona que se perdió definitivamente en el 801 para convertirse en cabeza de uno de los condados implantados por los carolingios al sur de los Pirineos.


Abd al-Rahmân II (821-852). La islamización


Hijo y sucesor de Al-Hakam puso fin, aunque fuera momentáneamente a la crisis social interna, esto le permitió mantener a raya a sus enemigos, tanto a los exteriores (vascones y francos), como a los interiores, especialmente a los Banû Casi del valle del Ebro.

Así mismo hizo frente a los normandos, los cuales después de saquear Lisboa (musulmana en aquella época), penetraron por el Guadalquivir hasta Sevilla, en donde, después del saqueo de la ciudad y sus alrededores, fueron rechazados en 844, lo cual no impidió que se produjeran ataques posteriores.

Fue este un reinado en el que se produjo un acercamiento a los modelos administrativos y culturales del Califato abbasí en los que predominaban los modelos de la Persia sasánida en detrimento de la imitación de los bizantinos que había sido propia de los Omeyas.

Pero el hecho más relevante de este reinado fue la resistencia de los mozárabes que dio lugar al movimiento de los mártires voluntarios de Córdoba de mediados del siglo IX. Los hechos ocurrieron así:

En el año 850 se inició una actitud de los mozárabes de Córdoba totalmente nueva, pues algunos de ellos, clérigos o seglares, se presentaban ante el qadí (juez musulmán) y en su presencia blasfemaban contra el Profeta para obtener el martirio, cosa que alcanzaron un grupo importante, hasta que el estado cordobés decapitó a los cabecillas de este movimiento. Paulo, rico comerciante, y Eulogio, obispo de la comunidad, y así terminó la sublevación de los “mártires voluntarios”. Las causas para que se produjera este movimiento, parece que tienen un doble origen, por una parte el incremento de la presión fiscal (ya que se necesitaba dinero para sufragar la política constructora de los últimos emires y, por otra, la necesidad de despertar el entusiasmo religioso cristiano, en una comunidad que iba asimilándose demasiado rápidamente a las formas de vida islámica.


Muhammad I (852-886). Los fenómenos de secesión


Las tensiones latentes más difíciles de resolver estallaron en el reinado de Muhammad I, sucesor del anterior emir, ya que en tierras extremeñas se sublevó un muladí Ibn Marwan al Yil. Lîqî (ibn al-Yil-lîqî quiere decir el hijo del gallego) que consiguió crear un reino independiente con capital en Mérida. Por otra parte, en el Valle del Ebro el gobernador de Zaragoza, Musa ibn Musa, de la familia de los Banû Casi se titulaba “el tercer rey de España”. Finalmente, la revuelta más peligrosa fue la protagonizada por el muladí Umar ibn Hafsun, el cual, aglutinando en torno a sí el descontento de este grupo social, llegó a controlar la mayor parte del sur de Andalucía. Su centro de acción estaba en Bobastro, en la Serranía de Málaga.

Esta situación de desintegración se mantuvo con sus dos inmediatos sucesores Al-Mundir y Abd-Allah.

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